viernes, diciembre 21, 2007

A CIEN AÑOS DE LA MATANZA DE LA ESCUELA SANTA MARIA DE IQUIQUE

"Reseña histórica"
1907-2007
Para hablar de lo ocurrido en la matanza de la escuela Santa María de Iquique, tenemos que remontarnos al descontento que había generado en las distintas oficinas salitreras. Las condiciones de vida y trabajo de los mineros eran infrahumanos. Los dueños de las oficinas salitreras enviaron hombres a reclutar trabajadores. Los vistieron muy elegantes, les dieron sombreros finos y relojes de oro, así podían mostrar lo bien que se vivía en el norte. Muchos partieron con sus familias, dejaron los verdores del sur y se internaron en el desierto.
Allá se dieron cuenta que nada era como les habían prometido, ya que entraron a un régimen casi de esclavos; largas horas de trabajo, sin condiciones de seguridad, ya que muchos tenían las manos destrozadas por las explosiones de la pólvora que usaban para sacar el salitre. Las casas eran lugares inhabitables, los niños no tenían donde jugar y el salario era una burla: recibían fichas, con las cuales cada vez podían comprar menos cosas y no podían comprar fuera de la oficina, sino que en la pulpería del lugar. Muchas veces intentaron ser escuchados, pero no tuvieron respuesta. Los obreros decidieron marchar hacia Iquique, para buscar el apoyo de los distintos gremios de la ciudad. Con mucha esperanza caminaron kilómetros y kilómetros, en medio de la más absoluta sequedad. Si se hace el camino desde las salitreras hasta Iquique, se darían cuenta lo terrible que es.
En la ciudad muchos los miraron desconfiados y con miedo. Los más elegantes pensaron que robarían sus casas y se encerraron en sus casas, como si los que marchaban eran delincuentes.
Fueron llevados hasta la escuela Santa María, donde esperaron muchos días. Nadie vino, nadie los escuchó, pero la convicción era demasiado grande y profunda.
Los responsables de la masacre fueron miembros del Ejército de Chile, comandados por el general Roberto Silva Renard bajo órdenes del ministro del interior Rafael Segundo Sotomayor Gaete. Silva Renard fue hasta la escuela y los trató de delincuentes, violadores, traidores y ladrones de la patria, les dijo que era hora que regresaran por donde habían venido, porque nadie los escucharía. Uno de los obreros le dijo, que ellos se quedarían porque tenían muchas cosas que pedir y justas y que estaban dispuestos a lo que fuera. El militar dio la orden y la masacre comenzó. 3600 muertos, entre obreros, mujeres y niños. Estos últimos sólo miraban...
Por más de 15 años, el recuerdo desgarrador de esta tragedia amedrentó las movilizaciones, pero este hecho no fue en vano. Profundos cambios sociales y laborales comenzaron gracias a la valentía de esos hombres.

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