REFLEXIONES DE NAVIDAD Y VIEJOS PASCUEROSHace muchos años, muchos, muchos, tuve una muñeca pepona que se llamaba Jeniffer. No recuerdo si llegó a mí por obra y gracia del Viejo Pascuero o por mis papás, mis abuelas o mi tía Mónica (mi super tía).Se parecía mucho a la de la foto, sólo que llevaba dos trenzas y tenía las mejillas con dos circulos rojos. Tenía un vestido verde. La otra diferencia era su expresión, parecía feliz. Nunca entendí por qué los adultos no siempre ríen y los niños siempre andan con la carcajada a flor de piel. Ahora entiendo, a medida que pasan los años y he agregado preocupaciones a mi vida, porqué ya no tengo la risa como un jilguero (tal comodijo Heredia, en la canción sobreviviendo). Cada día cuesta más reir y cuando uno tiene la real oportunidad, nos reímos tanto que nos llega a hacer daño. La risa se tranforma en risa histérica que pareciera en cualquier momento pasa al llanto.La muñeca de la foto me encanta, ya que realmente Jennifer con su sonrisa, ya no me interpreta, de modo que me identifico con ésta, con la carita medio larga.
Estos días de compras navideñas, me he dado cuenta lo mucho que me gustan las ollitas y las tacitas de juguete. Raro, si pensamos que desde que me casé, lavar y cocinar ollas verdaderas se transformó en fastidio. A pesar de eso, creo que le pediré al viejito un set de tacitas y de ollitas, jeje.
lBueno, les cuento, hoy retomo mi vieja costumbre navideña, de ir a ver al viejo pascuero. Y ojo, no voy a ver a los viejitos perfectos de los malls, llevaré a mi hermano y a mi hijo a ver a los viejitos geniales y pasados a vino, de la Plaza de Armas. Antes no había mall, sólo estaban ellos, en sus trajes rojos de sauna, cagados de calor, fermentando con el sol de verano de Santiago. Antes, por lo menos, la plaza era un oasis, lleno de árboles, flores, piletas y humedad. Hoy es el mismo infierno.Igual, allá voy, los niños de Santiago, necesitan recobrar las tradiciones, perdidas por la modernidad y los mall plásticos, olorosos y perfectos.
FOTOGRAFÍA: Me la mandó hace tiempo mi amigo Raúl Hernández Flores (Rula para los cuates), que vive en Chiautempan Tralxcala México.
CANCIÓN RECOMENDADA: "Dorina y Abel", Real de Catorce (grupo favorito de Raúl)
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